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Mostrando entradas con la etiqueta Palabras viscerales.. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 8 de junio de 2011

Cóctel del imbécil.

Cojamos un bastante de orgullo.
Cojamos un suficiente de heridas del pasado.
Cojamos un mínimo de ganas de rebozarnos en ellas.
Añade cabezonería, tontería que devora inteligencia.
Palabras sin vocales. Frases sin artículos. Sonidos a medias. 
Medios de comunicación inexpresivos. Atonales.
Vendas para no ver. Hielo para enfriar.
Granos que se convierten en piedras. En planetas. En galaxias.
Piedras que se repiten a cada paso, para tropezar mil veces, siempre en las mismas.
Egoísmo que no cabe en el Universo. Ni en dos.
Nos empeñamos en crear este cóctel.

Déjame que te diga que somos un par de gilipollas.

Déjame que te diga que soy tan gilipollas que te quiero,
que no me acuerdo de olvidarte.
Voy a tirar ese combinado a la basura. Ocúpate de bajarla a la calle.




miércoles, 4 de mayo de 2011

Montaña rusa.

Subidas, bajadas.
Estómago en el pecho, nudos en la garganta.
Lágrimas. Sensaciones.
Emociones.
Quizá llegamos al fin del trayecto de nuestra montaña rusa.
Sólo tienes que darme la mano al bajar.

jueves, 28 de abril de 2011

Por qué?

Porque te beso y me muerdes.
Porque te miro y me escupes.
Porque te enfrías si te digo ¨te amo¨.
Porque te calientas si te digo ¨te odio¨.
Porque te abrazo y me das una patada en los huevos.
Porque hace diez segundos me querías.
Porque ahora me odias.
Porque la última vez que parpadeé tenías una sonrisa.
Porque ahora lloras.
Porque no me quieres.
Porque ya no te quiero, aunque te mienta al decirte que no te quiero ya.




jueves, 17 de marzo de 2011

Es caprichoso el azar...

Tanto tiempo esperándome. Tanto tiempo esperándote. Tanto tiempo esperándonos.
Fue caprichoso el azar. Es caprichoso el azar. Y a veces un hijo de puta.
Habla por mí, Joan Manuel...


Me duele el corazón, se me apagó el alma.

jueves, 10 de marzo de 2011

Algo inútil.

Soy yo.
El de la bolsa en la cabeza. El que dice cosas absurdas. El que está enamorado de tu tripa. El mismo que tanto te hizo reir. Aquel al que amaste como a nadie. Yo soy el de Aranjuez y Menorca. El que te supuso tanto esfuerzo conseguir. El del chocolate con naranja.
Yo soy ese al que hace poco te querías comer a besos y al que te morías por ver. El que tenía miedo de perderte cuando le arrancaste de cuajo el corazón. El hielo que se derritió. El de la taquicardia al esperarte en el aeropuerto. El de la princesa de fresa.
Ese soy yo.
Y me estaba encontrando, y te estaba encontrando. Si crees que ya no me amas, no te pido nada. Si te queda algo mínimo, deja que lo agrande. Ahora sí soy capaz. Unaaaaa, dooooos,tres.
Te quiero.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Un clavo ardiendo.

Sé lo que me espera.
Sé que quizá no vayas a poder con lo que te pasa.
Y yo, esperando a perderme en un pozo sin fondo, deseo que el clavo ardiendo aparezca.
Porque en éstas circunstancias, agarrarme a un clavo ardiendo sería, al menos, una esperanza de vida antes de caer al vacío que tira de mí bajo mis pies.
Dame ese clavo y aguantaré hasta que me seccione los dedos.
No te pido más.


jueves, 24 de febrero de 2011

Un abrazo.

Aquel pequeño patio cuadrado con suelo frío y cuatro pareces vacías se convirtió en el escenario perfecto. El cielo estaba teñido de marrón aquella noche por la voraz contaminación lumínica de Madrid arropando sus cabezas y los edificios colindantes ejercían de muralla a su alrededor.

Se fundieron en un abrazo y, sin mediar palabra, desapareció la percepción del lugar y los sonidos, quedando únicamente su olor y su calor como referencia sensorial. Sus manos recorrían su espalda, apretándola contra su pecho. Sus labios tenían sed de su cuello.
Muere el exterior, late el interior.
Quería atrapar su alma, que estaba expuesta a la desorientación. Quería que se parara el mundo en ese instante. Supo que la amaba y que ella tenía el peligroso poder de hacer trizas su corazón con sólo un suspiro, pero tuvo que asumir el riesgo. Quiso asumirlo.

No sabría decirte si fueron dos, diez o cuarenta minutos. No me pidas que te diga cuánto mide la felicidad.
Sí puedo decirte que ese día él tuvo el poder de paralizar el tiempo. Aquel día tuvo el poder de pintar las estrellas en el cielo más lúgubre y vacío.

Era el poder del abrazo que se regalan dos almas cuando se aman por encima de los límites permitidos.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Soledad.

Nadie te llamó, lárgate.
Tú y yo tenemos una relación de amor y odio. A veces te necesito, otras te detesto.
Abandóname, llevas conmigo demasiado tiempo.


Algunas veces gano
y otras veces
pongo un circo y me crecen los enanos;
algunas veces doy con un gusano
en la fruta del manzano
prohibido del padre Adán...

martes, 22 de febrero de 2011

?

Yo estoy apenas un pelo por encima de la nada, una molécula o dos por encima del punto de desvanecimiento de lo que constituye un ser humano.

miércoles, 5 de enero de 2011

Miedo

Te diré una cosa, todos mis miedos vienen por una sola causa.
El miedo a no poder besarte, a quererte sin tenerte, a que desaparezcas temporalmente de mi vida sin desaparecer de mi corazón ni cabeza.
A no poder decirte que te quiero, a que te olvides de mí, a que otro sustituya mi lugar y yo sea espectador de ello. Tengo miedo a que dejes de quererme.

Todo ese miedo existe porque te amo. Te amo como nunca jamás amé a nadie.
Podré con ello, te estaré esperando. El hueco entero será tuyo. Me arrancaste algo de cuajo...te lo quedaste.